"Ojos Abiertos: explorar el cotidiano japonés cerca de las vías". Entrevista de IndieCine por Álvaro Vildoza

Entrevista que me hizo Álvaro Vildoza para el blog de IndieCine a propósito del cortometraje "Ojos Abiertos" donde doy cuenta del proceso de realización de la película.




https://indieaccesoriosparacine19714445.wordpress.com/2016/05/26/ojos-abiertos-martin-aletta/

Ojos Abiertos: explorar el cotidiano japonés cerca de las vías


Aunque niega un fanatismo por la cultura japonesa, Martín Aletta reconoce una fascinación por la forma de narrar de escritores como Akutagaba y Kenzaburō Ōe y de directores como Kitano (Zatôichi, 2003), Miyazaki e Ishii mientras que recuerda películas como “La mujer de las arenas” de Teshigahara, algunos manga y anime apocalípticos como Akira. Su encuentro cara a cara con el día a día japonés, sin embargo, “fue encontrarse en carne propia con otro mundo”.
La crisis mundial de 2008 repercutió gravemente en la economía japonesa, lo que se tradujo, dos años más tarde, en una preocupación nacional por la gran cantidad de suicidios de desempleados. Cuando Martín fue a visitar a su hermano Federico, que ya llevaba trabajando en la televisión y el cine de Japón desde hacía más de una década, comenzó a interesarse por las historias que Federico le contaba sobre gente que iba al bosque bajo el monte Fuji a morir, por la cantidad de muertes que había en los trenes, y por cómo intentaban impedir los suicidios con unas luces azules en las estaciones que extrañamente generaban un efecto reculante. Sobre todo, como se muestra en Ojos Abiertos, le sorprendieron las multas a las familias de los suicidas. Fue en base a esas charlas, más un trabajo de investigación, que juntos, los hermanos Aletta fueron ideando la historia de la película.
Rodado en una cámara Sony HDV Z1 de objetivo fijo, el cortometraje, de 15 minutos, aborda la cotidianidad de tres personajes en Tokio, la ciudad donde nadie se mira a los ojos: Ryo, que se dirige a su trabajo para remover los restos de los suicidas de las vías, Nakamura, empleado de la compañía férrea y encargado de cobrar a la familia del muerto la multa por haber parado el tráfico y Saki, una joven ensimismada que deambula contemplando la marcha de una sociedad apática. El encuentro entre los tres se da en la estación “Miyazakidai” mientras los sonidos únicos y particulares de la ciudad se alejan con el tren que continúa su camino.
Ojos Abiertos tuvo una excelente acogida en festivales de Argentina, México y también en España donde obtuvo el premio al mejor guión en el Certamen de Soria. Circuló también por Chile, Camboya, Brasil, Bielorrusia y otros países. A partir del reconocimiento como mejor cortometraje y mejor director en la última edición del Festival de Cine de Pehuajó, donde recibió una de nuestras claquetas Indie, hablamos con el realizador, egresado de la ENERC en Dirección de Montaje, sobre la experiencia de escritura y rodaje de la película.

¿Cómo trabajaste a los personajes, fue un trabajo en el que tuviste que hacerlos hablar algo que escribiste con una cabeza occidental, o tuviste el desafío de “orientalizar” la escritura? ¿Hubo transformaciones de la historia durante el rodaje o en el montaje?
Al principio, la película iba a ser sobre el primer personaje. Cuando hablaba del tema con el actor (a quien conocí porque vivíamos justamente en el mismo edificio), me contó que en algún momento había pensado en trabajar de recogedor de los restos de los muertos en las vías. Luego fueron apareciendo los demás personajes en el guión.
"FUE COMO IRNOS DE PASEO POR DISTINTOS PUNTOS DE LAS CIUDAD CON CADA ACTOR, LA CÁMARA Y EL MICRÓFONO."
Inicialmente, para armar el texto de cada personaje utilicé un modo propio y le fui agregando elementos que tenían que ver con su cultura. Me interesaba que el primer personaje dé cuenta de la problemática social de los suicidios en la ciudad y sitúe al espectador. Ya con el segundo me permití realizar un personaje con más humor, neurótico, tratando de llevarlo al extremo con las preocupaciones y estrés que imaginaba que tendría un “salari-man”, término con el que se refieren a los ejecutivos de bajo rango. Ya para el personaje de la chica ahí quizás fui un poco más impune, y utilicé un texto más libre y roto fusionándolo con poesías que tenía escritas de cuando era mas chico, me gustaba otorgarle un poco de misterio y ambigüedad al personaje.
Yo escribí los textos en inglés y se lo pasé a Hitoshi Nakamura, un escritor y académico japonés muy interesado en el proyecto, en quien pude confiar para que me los tradujera. Luego les pase el texto a los actores y les sugerí que hagan algún cambio si así lo sentían, pero prácticamente no hicieron ninguno. Sí hubo una situación interesante durante el rodaje donde yo tenía planeado que los dos personajes se miraran y sonrieran. Ellos al principio no comprendían bien por qué tenían que hacer eso, les sonaba raro, y me sugirieron un gesto que los japoneses usan bastante que es un mínimo gesto de asentimiento con la cabeza cuando se miran. Realmente eso hizo que se potencie muchísimo ese momento de conexión entre ellos.
¿Hubo aspectos de la experiencia en rodaje que te hayan recordado a tus primeros trabajos, a tus años de estudiante?
Quizás veo algunos recursos que utilice en otros trabajos como el integrar a gente de la vida real a la ficción como hicimos en el largo Novak, de Andrés Andreani. Y en otros trabajos míos también he utilizado la voz interior pero más como un recurso que aporte a la experiencia cinematográfica y no como una información que dé cuenta de toda la historia, es decir, usarlo como un recurso poético y musical también.
Para Ojos Abiertos, Martín y Federico se concentraron en lograr mostrar con fidelidad un día en la vida de un japonés en Tokio. La década de residencia de Federico en la ciudad fue esencial para potenciar la credibilidad de los roles. “Un poco fue como irnos de paseo por distintos puntos de la ciudad con cada actor, la cámara y el micrófono. Cada personaje iba a mostrar un aspecto de la ciudad distinto”, cuenta Martín.
El cotidiano de los personajes alcanza un dramatismo clave al combinarse con sus reflexiones en off, referencia consciente que Martín reconoce de Alain Resnais y de escenas recurrentes en algunos animé puntualmente en el uso de la voz interior, cuando se escuchan los pensamientos de un personaje y el sonido ambiente urbano se silencia. El diseño sonoro, muy bien logrado, estuvo a cargo de Pablo Chimenti.
A la hora del rodaje, uno de los desafíos más grandes tuvo que ver con una Tokio en la que hay muchas normativas que cumplir y para filmar en los subtes y trenes se necesita una autorización que puede tardar mucho en salir. Fue por eso que los hermanos Aletta decidieron grabar en el conurbano de Tokioto en estaciones y zonas más alejadas.
La amplia profundidad de campo que les otorgó el lente de la Sony Z1, al contrario de la estética cada vez más frecuente del bokeh de los objetivos intercambiables en las cámaras DSLR, funcionó a favor de la narrativa, ya que como reconoce Martín, le permitió “mostrar detalles del entorno y de la ciudad que rodean a los personajes, que están constantemente en interacción con ellos”.
En cuanto al montaje, Martín lo trabajó durante un año por la gran cantidad de material y el cuidado que le dio a la fluidez de las imágenes con la propuesta narrativa de cada personaje.
El camino que siguió el corto desde su presentación tuvo como puntos fuertes su exhibición en festivales de Argentina y reconocimientos como el Premio del Público en el Festival Semana de Soria en Buenos Aires, el Premio del Público en el 30º Concurso Nacional de Cine Independiente de Cipoletti, Mejor Cortometraje en el Primer Festival Internacional de Cine de Puerto Madryn 2014, y Mejor Cortometraje de Ficción en el festival sobre el trabajo “Construir Cine”. Además, obtuvo el premio Workers of the World del Brazilian International Labour Film Festival en San Pablo, y el premio a mejor ficción internacional en la III Muestra Internacional Audiovisual de Xalisco, México.
Martín agradece la difusión y el reconocimiento que ha tenido Ojos Abiertos en festivales nacionales y sostiene que son fundamentales para los cortos que no tienen un circuito establecido para la difusión en público. Sobre el futuro de la película, piensa que cuando termine la circulación por este tipo de pantallas “tendrá otra vida para ser vista por internet”.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Ahora estamos haciendo circular el cortometraje realizado por mi hermano Federico “Ishinomaki Rock N’ Roll City”. Este corto documental relata cómo vive un pequeño pueblo del noreste japonés en pleno arrasamiento meses después del terremoto y tsunami. Por mi parte, estoy editando material de otros viajes incluido un documental en España y un video-danza con la compañía “Los mismos” basado en su obra “Sopla”. También estoy escribiendo un guión para un corto sobre un boxeador que transcurre en Buenos Aires en los años 30 que tengo pensado hacerlo con estética de cine mudo.